El valor de lo dicho es temporal

La cosa es así: debes tener antecedentes, referencias, voces con las cuales discentir, voces en las cuales apoyarte, voces que mantengan tu aparato categorial. Emborronar cuartillas en formato MLA.

Esta cosa del “estado del arte” en formato postmoderno es igual de jodida que su original formal, porque implica que deben haber antecedentes a tu investigación, tu perspectiva, tu campo. ¿Y si no lo hay? Lo inventas. Nada sale de la nada… ahora, porque al descarado de Kant nadie le preguntó de dónde se las sacaba.

En lo que yo escribo, en mi pequeño nicho de curiosidad intelectual, compromiso ético y singularidad estética, no hay hay antecedentes directos. Esa es mi cruz.

¿Antecedentes indirectos? Si, claro, la literatura cubana queer, la ciencia ficción cubana y la ciencia ficción queer -los tres caminos que se cruzan en mi investigación- tienen miradas críticas previas. Hasta dónde puedo reclamar esas miradas como antecedentes de la mía es lo que me pone insegura.

Porque no soy (no quiero ser) el resultado casual de la sumatoria de Mabel, Yoss y Alexis. Quiero ser yo misma.

Ahí parte del conflicto es el ego. Querer ser una entidad independiente, reconocible, singular. ¡Ay! Qué cantidad de horas de trabajo para desmontar la angustia que trae el culto al individualismo. Ser parte no es borrarse. Le repito a mi hijo que en ningún mundo alguien logra el éxito sin ayuda, a menos que hiciera desde sus zapatos hasta su alfabeto, pero qué trabajo me cuesta aplicarlo.

Porque no soy (no puedo ser) el resultado casual de la sumatoria de Mabel, Yoss y Alexis. Siempre seré yo misma.

En el proceso de ser les niego, pero de modo dialéctico. Negar de modo dialéctico es una metáfora filosófica que equivale a la metáfora poética de “nos montamos en los hombros de gigantes”. La verdad es que esa imagen poética no me gusta, mi equilibrio es malo, no me imagino encaramada encima de Yoss… ¿qué coño voy a hacer con mis manos? Peor ¿qué hace Yoss si está ocupado apretando mis tobillos o piernas? Mejor una imagen poética marinera (tampoco se nadar, pero eso es un detalle menor porque soy reglana). Negar de modo dialéctico es una metáfora filosófica que equivale a la metáfora poética de llevar tu bote de pesca a un sitio diferente que quienes te enseñaron a pescar y lanzar las redes por tu cuenta.

Si, eso me gusta. Me gusta sobre todo porque permite articular una relación positiva con quienes me anteceden -o con la mayoría, no hay perdón para ti NV Román. Me gusta porque puedo pensar en quienes diseñaron los botes, las redes, los localizadores de peces: Suvin, Jameson, Le Guin, Haraway, Reider, Foucault, Halberstam, Preciado, Muñoz, Bejel; y a quienes vi pescar, pescan a mi lado, con quienes espero seguir pescando por largo tiempo: Mabel, Larry, Yoss, Erick, Anabel, Jeneé, Alexis, Maria Amelia, Emily, Pedro, Abel, Víctor, Maielis…

Sus ideas y prácticas son perfectibles en tanto obra humana. Sus palabras tienen un valor temporal, ya que el fenómeno que estudiamos está anclado materialmente: es literatura. La literatura no existe fuera del tiempo, y las miradas críticas que recibe existen también en sus tiempos específicos.

El valor de todo lo dicho es temporal. Lo dicho antes de mi, lo dicho por mi, lo dicho después de mi. Pensar que habrá otros intentos de “estado del arte” en el futuro, que otras manos dudarán sobre la pertinencia, la autenticidad, la individualidad y las deudas (no es el mejor sustantivo) intelectuales. Pensar que este ciclo de repasos es un cierto homenaje. El enésimo testimonio de que en ningún mundo alguien logra el éxito sin ayuda, a menos que hiciera desde sus zapatos hasta su alfabeto. Estoy segura de que el alfabeto no es una creación individual, así que el asunto está sanjado.

Porque no soy (nunca podré ser) el resultado casual de la sumatoria de Mabel, Yoss y Alexis. Siempre seré la geek marxista de mente sucia. Como la CF, tenemos un parecido de familia. 😉

¿Para qué sirve esto?

¿Para qué sirve esto? ¿Cuál es la importancia de este tema?

Si escribo sobre un tema marginal, no debería molestarme la pregunta, pero me inquieta. El mero hecho de que la pregunta esté ahí, entre las posibilidades para las que debo prepararme, me inquieta. Debe ser la voz marxista (ortodoxa) dentro de mí, que se avergüenza por no hacer algo en apoyo a la Revolución Proletaria Mundial (tremenda mierda). Hay al menos dos partes en esta angustia: la idea de la ciencia ficción como producto cultural marginal y la idea de que todo lo que hace alguien que se autodenomina marxista debe apoyar, directamente, la Revolución Proletaria Mundial.

Vamos por partes -como diría Jack el destripador.

La ciencia ficción como producto cultural marginal. ¿Es cierto aún? Digo aún porque todo tiene un tiempo y un lugar, y los prejuicios tienen que ver con eso, con ideas que se enraízan y resisten el paso del tiempo, la superación empírica de sus presupuestos, porque ya viven en el imaginario y sirven al poder allí. Ni el racismo, ni el sexismo, ni el valor del drama como expresión de los conflictos humanos necesitan pruebas materiales, son presupuestos que ayudan a mantener el orden. Un poco presuntuoso de mí equiparar el orden del mundo con el orden de las expresiones literarias, pero esto es un ejemplo. Entonces, la ciencia ficción, como la comedia –digamos-, está abajo en la jerarquía de las expresiones artísticas. ¿Está? Vista la cantidad de dinero que se hace con la ciencia ficción y la decadencia sistemática del interés por los dramas “realistas” –meh- me parece cada vez más que llamarle marginal a las expresiones artísticas fantásticas es solo una estrategia del poder académico para negar el cambio.

Es como enseñar literatura eurooccidental escrita por hombres y decir que es Literatura Universal. Es mentira. Pero es una mentira académica, respaldada por siglos de racismo y sexismo, dirigida a infantes, así que la mentira prospera, se repite, va a examen… y aquí tenemos que en Chile debes saber… -no hablo de Chile, no me toca. Y aquí tenemos que en Cuba debes saber de los mitos griegos, pero no de las épicas de la resistencia angolana ante el colonialismo portugués, para ser persona culta. Persona colonizada, sería una mejor definición, digo yo.

De vuelta a la marginalidad de la ciencia ficción. ¿Lo es? Sí y no.

Lo es en la Academia, donde los criterios de valor cultural y significación social del arte siguen permeados de un eurocentrismo positivista que da asco. Lo es en los medios que se las dan de cultos, que reproducen esos criterios en nombre de la defensa de la cultura, tal y como la define la más rancia academia. La ciencia ficción es un tema marginal en las charlas académicas de intelectuales tradicionales, o esa ha sido mi experiencia.

No lo es en espacios de lectura general o de estudio de consumo cultural, donde interesa “la realidad” y no “el deber” de la cultura y sus derroteros. Algunos de esos espacios presumen de un interés en la monetización de la ciencia ficción que da asco, pero bueno… A quienes simplemente leen, van al cine o miran TV no les parece descabellado que alguien estudie ciencia ficción, o esa ha sido mi experiencia.

Entonces, debería ser suficiente con asumirme como una intelectual orgánica de ¿cultura popular? Igual que cuando dices “maricón y qué” se puede decir “ciencia ficción, sí” ¿no? En teoría se puede.

El problema viene después, cuando te preguntan “¿Para qué?”. Ahí es donde llegamos a la idea de que todo lo que hace alguien que se autodenomina marxista debe apoyar, directamente, la Revolución Proletaria Mundial. Porque marxista casi nunca significa “creo en la Teoría de la Plusvalía”, sino “creo en la injusticia inherente del capitalismo y la naturaleza revolucionaria del proletariado”.

Por cierto, mi versión de marxista combina ambas ideas, por eso tengo que aclararle las cosas a la gente tan a menudo. Soy una geek marxista, estoy jodida.

¿Cómo ayuda a la Revolución Mundial estudiar sexualidades en la ciencia ficción del Caribe hispanohablante?

La respuesta más sencilla creo que es: porque la ciencia ficción permite imaginar futuros mejores. No habrá Revolución Mundial sin imaginación, compañeres, porque hacer la revolución al modo que decían los venerables padres europeos de la filosofía nos ha dejado muy mal, ¿no? Desde Nicaragua hasta Camboya, elijan la variante de la cagada a nombre de seguir las instrucciones alemanas para modificar la realidad y alcanzar el paraíso comunista.

Pero hay otra respuesta, más digna.

Interrumpo la diatriba para dar agradecimientos: esta respuesta más digna se la debo a mi tutora Emily y mis colegas de año, Christian, Esteban, Maria Camila y Mauricio.

La respuesta más digna es: La crítica literaria no se dedica a resolver problemas materiales, no pretende cambiar directamente el mundo. Yo escribo sobre un tipo literatura porque me apasiona y eso es un objetivo en sí mismo.

La Revolución Mundial la tengo que hacer en mi tiempo libre, porque a nadie le pagan por adelantado por destruir el mundo. De hecho, generalmente, te pagan con martirio, muerte y beatificación posterior. No puedo imaginar peor destino para una que se dice marxista revolucionaria. Pero aquí estamos.

Próximo capítulo… ciencia ficción en Cuba, o la isla que se reinventa.

¿Con quién dialogas?

Guanche tiene largas conversaciones en forma de libro con Raúl Roa. Es gracioso, porque poca gente lee a Roa hoy en día, entonces hay como un círculo vicioso: no lo leen, no hace falta publicarlo, no lo publican, nadie lo lee, etc. Leer a Guanche entonces tiene dos efectos básicos posibles: vas a leer a Roa o te fascinas con Guanche y lo inusitado de sus inquietudes.

A mí me va a pasar algo similar. Tengo que elegir con quién o qué dialogo para mi tesis, pero el referente más importante no es admisible dentro del espacio de debate formal. La tesis de Toledano, es, definitivamente, el argumento contra el que mi propia tesis se alza. Donde él argumenta el fracaso en la creación del Hombre Nuevo, yo argumento la expresión de familias queer como ejercicio de resistencia frente a esa idea. Coincidimos en que la imposición del Hombre Nuevo –que debió tener una vida sexual muy aburrida- fracasa, divergimos en cómo se expresa ese fracaso en la literatura de ciencia ficción cubana.

Ese es mi combate.

Pero esa postura de Toledano no puede entrar al ring, de acuerdo a las sacrosantas reglas de la academia norteamericana. Porque no es un libro. 😛

Aclaro. No puedo usar la tesis de doctorado de Toledano (2002), pero si sus artículos en revistas indexadas. Eso significa que debo rastrear su producción y construir un corpus – Frankenstein, que contenga las visiones con las cuales discuto. Esto implica un reto de implementación y un problema de contenido.

El reto de implementación es mínimo. Tengo el poder de la banda ancha y la red de bibliotecas mundial al alcance de mis dígitos.

El problema de contenido es real. Producir artículos o capítulos de libros implican ajustes de tema o perspectiva, las ideas se presentan de modo que funcionen de modo autónomo, desaparece el arco argumental central que alienta una tesis y articula un libro. Un Frankenstein de la tesis de Toledano a partir de sus textos publicados tendrá, por lo tanto, su dosis de redundancias e inconsistencias. Por último, y eso es lo más importante para mí, la diferencia temporal entre los textos abre espacio a cambios de opinión debidos al descubrimiento de nuevas ideas, el diálogo con otras personas, la maduración personal, todas esas variantes de aprendizajes que debemos desearles a las personas, aunque nos hagan la vida más difícil.

Entonces, no solo se trata de recuperar las partes publicadas de la tesis, sino de considerar cómo expresa, o no, el paso del tiempo.

También podría buscar otra voz para el diálogo.

Suena fácil, pero el campo no es tan amplio como para elegir con quién polemizar. Justo ahora son Juan Carlos Toledano Redondo, Antonio Córdoba, Pedro Pablo Porbén, Emily Maguire y Cristina Jurado… creo. Me refiero a quienes ocupan espacios estables en la academia y publican artículos, capítulos o libros con sistema de evaluación de pares y toda la vaina.

Hay otras dos soluciones a este problema.

La segunda sería elegir dialogar con alguien que no escriba específicamente de ciencia ficción cubana, sino de identidades queer en literatura cubana –ahí está Mabel Cuesta– o de identidades queer en la ciencia ficción de otras tradiciones –les amo Alexis Lothian, Micha Cardenas–. Ya que mi aproximación es novedosa, no tendría nada de sorprendente que mis diálogos teóricos fueran más paralelos que frontales, o sea, acerca de qué pasa cuando aplico este aparato categorial y cómo los resultados coinciden o divergen con su uso en otros campos, y no acerca de cómo al aplicar otro aparato categorial al mismo corpus literario salen otras cosas a flote –respeto para quienes investigaron antes, siempre respeto.

La tercera solución sería dialogar con alguien de “fuera” de la academia. Eso abre un poco más la selección de voces, para empezar Yoss y Maielis González.

¿Se puede?

Para el próximo capítulo… seguro aparece otra solución más inclusiva, que Emily señala como una obviedad, porque resulta que la academia no es TAN exclusiva y elitista como yo pensaba.

Sobre el valor de estudiar la belleza, para una que se cree marxista

Ayer discutimos acerca de la transición de tesis a libro. El cambio de tono. MC habló de que la autora sonaba compungida en su tesis, pero segura de sí misma en el libro. Sonaba aquí es una metáfora. No suena, porque es lenguaje escrito. Pero nos referimos al tono de la voz autoral en términos auditivos sin importar qué medio la soporta. Metáforas.
El lenguaje es una cadena de metáforas convencionales compartidas.
Como verraco, que es convencionalmente positiva en Colombia y convencionalmente mala en Cuba.
El tono, el tono de la voz autoral es el asunto.
Cómo no sonar como que pides perdón en cada paso de tu tesis. Me molesta la idea. Al mismo tiempo, es verdad que no es superfluo. Eso fue desafortunado.
No es tan terrible: se sabe que en las tesis habrá un montón de citas y referencias. Las tesis son ejercicios académicos: pruebas tus lecturas y tus ideas con base en tales lecturas.
Si te molesta, reduce. Si ocurre, sigue adelante.
Me gusta la perspectiva de seguir leyendo por un tiempo más, pero me preocupa perderme dentro del campo. Por eso quiero anclar el proyecto a algo externo a la literatura misma. La literatura no existe por sí misma.
Nada humano existe por sí mismo, si nos ponemos radicales. Las obras humanas existen dentro de la cultura, en tiempo y espacios específicos. No importa que no sepamos cómo fueron las circunstancias, fueron reales. Todo lo que ahora contemplamos nació de ciertas circunstancias, ahora perdidas. El reto, para quienes nos dedicamos a la investigación, es comprender esas circunstancias y aprender algo.
¿Cómo es eso útil? ¿Cómo justifica eso que yo tenga un salario estable? ¿Cómo me hace eso una persona valiosa? Podemos intentar reconstruir esas circunstancias, pero su momento se ha perdido. Especulamos, proyectamos nuestras propias circunstancias en el pasado temporal, la distancia cultura y geográfica.
Es la pregunta de la utilidad de la poesía, de la utilidad de la belleza. ¿No?
Recuerdo que en la novela “Nadie es soldado al nacer” discuten en un momento qué tipo de poesía es necesaria en tiempos de guerra –están en medio de la Gran Guerra Patria–, si la que llama a la lucha o la que recuerda la belleza que la guerra arrebató. Me parece que los personajes no se ponen de acuerdo. Fue la manera del autor de no excluir ninguna de las dos opciones estéticas –especulo, ¿qué diría mi profesora de análisis literario de esto?–.
Yo creo que los dos tipos de poesía son necesarias en tiempos de guerra: la que llama a la lucha y la que evoca la belleza ¿arrebatada? por la guerra. Ambas apelan a la humanidad de modos diferentes.
En todo caso, leer hasta desmontar las líneas más íntimas de cuatro o cinco libros ¿me justifica?
Soy marxista, o me llamo a mí misma marxista, así que creo en la base material de nuestra percepción del mundo. Qué es la belleza es una convención, comprender dónde la vemos, cómo la ciframos, qué valor le damos, no es asunto banal. La belleza es parte fundamental de la cultura.
Lo que gente como yo –quiero decir, dedicada a la crítica literaria, a la reflexión sobre las artes- hace es estudiar las relaciones entre los conceptos de belleza y los conceptos de la vida. No la vida grande, heroica, de algunas personas famosas, sino la vida pequeña, llena de pequeñas miserias, de muchas personas. En esas vidas de millones, el concepto de belleza no será reflexionado y desmontado, pero ciertamente se usa. La belleza y el placer son bienes ¿criterios? inmateriales que influyen en nuestras decisiones.
Mi trabajo es comprender la belleza de esos libros. Una parte de mi trabajo.
Otra parte, la parte marxista, es comprender cómo esa belleza nace de, y modifica a, el medio material donde existe.

Eugenia, o de cómo aplicar el fordismo a la reproducción

A propósito de Eugenia, esbozo novelesco de costumbres futuras, Eduardo Urzaiz Rodríguez (1919)

Pregunta: ¿De qué manera anticipa o permite considerar la novela, en su valoración ética frente a la medicina y la corporalidad, ciertas tecnologías de alteración de las categorías del género en el propio cuerpo?—terapia de sustitución hormonal para personas trans, embarazos en varones, u otras consideraciones—y en ese sentido, ¿en qué medida es el cuerpo en sí una utopía política?

Esta novela presenta un espacio de supuesta utopía eugenésica, donde el Estado ha tomado control total de las capacidades reproductivas de la ciudadanía. Sin embargo, a mi me parece más una distopía racista y misógina, que por debajo de la (en ese momento) novedad tecnológica del embarazo masculino no propone ninguna transformación en las relaciones de género y las sexualidades, sino que se empeña en “demostrar” la persistencia de estereotipos sentimentales y que reproduce las relaciones de género convencionales en el momento de vida del autor a costa incluso de la coherencia narrativa

No creo que se pueda reconocer en la prosa de Eduardo Urzaiz Rodríguez alteración alguna de las categorías de género. Una y otra vez la narración presenta a las mujeres como seres sentimentales y dependientes, mientras que los hombres son racionales y autónomos. El único hombre que pasa de una mujer a otra es Ernesto, pero se lo presenta como un zángano, y hacia el final ha ¿madurado?, al descubrir a través de Eugenia el placer de la familia patriarcal más rancia posible, con amor a primera vista y embarazo inmediato.  El “amor” de Ernesto por su “mujercita” [grrr] nace del placer en poseer a Eugenia y a su futura descendencia. (118, 121)

Todo el asunto de los nuevos modelos de reproducción para prevenir la disminución poblacional se explica  por “el malthusianismo de los hombres y la tocofobia de las mujeres.” (93) El argumento atribuye una actitud racional en los varones y simple miedo -comprensible por demás, si consideramos los riesgos de muerte materna- entre las féminas. Las soluciones implementadas responden también a una lógica binaria que respalda la superioridad masculina, que continúa pensando a las mujeres, y ahora a los hombres feminizados, como recursos pasivos a la disposición del Estado. Ejemplo de ello son la descripción general que da Pérez Serrato sobre el cambio de carácter de los gestantes, que al feminizarse pierden el deseo erótico y conciben su vida solo como una larga sucesión de embarazos. La muerte del gestante Manuelón viene a ser corolario de esto: naturaliza la sobre-explotación de las capacidades reproductivas (trece gestaciones) y la muerte por complicaciones en el parto. (51-52)

Si bien es cierto que en términos tecnológicos Eugenia presenta un giro sorprendente, esto no se traduce en una especulación radical sobre las identidades y su relación con los roles de género. Aunque los gestantes reciben terapia hormonal, no se constituyen en una identidad nueva, el objetivo del Estado es feminizarlos para que sustituyan a las mujeres. No dudaría en llamar fordista al modelo de reproducción que se propone, ya que el embarazo se descompone en fases, como una línea de producción en serie, donde las personas involucradas dependen totalmente de la capacidad organizadora del Estado-Padre para completar el proceso. Pierden así su agencia y el control sobre el producto final -su prole.

Nota: las citas de página refieren a Urzaiz Rodríguez, Eduardo. Eugenia, esbozo novelesco de costumbres futuras, Premia Editora de Libros s.a., México D.F., 1982.

Hay dos formas de viajar en el tiempo dentro de la literatura realista

El reto con Espiral es el tiempo.

Discutí varias veces eso con la profesora: el tiempo de la novela es un enredo. No el tiempo de la novela, el tiempo en la página donde aparece Cuba (Letras Cubanas, 2014, p. 140). Es el tiempo del archivo ¿no? Esos personajes están en el futuro, y leen un texto del pasado, quienes pueden comprender / reconocer el origen del texto no son los personajes, los personajes ni siquiera saben si está en español. Quienes podemos reconocer el texto del pasado, que leen las personas del futuro, somos quienes leemos la novela en el presente, que es el pasado de los personajes, y ya es el futuro del autor (la novela es de 1982).
Cluster fuck
Es el tiempo del Archivo: el Archivo es un espacio donde el tiempo se distorsiona, donde el poder trata de controlar el futuro al definir qué memorias sobreviven. En Mito y Archivo se dice que el Archivo en América Latina está unido a la novela porque las novelas se escriben como documentos históricos (¿en serio? ¿desde siempre? ¿siempre estuvimos en vanguardias formales en este continente? ¿qué coño?) y los documentos históricos parecen novelas.
Bueno, eso si me lo creo. Las cosas que pasan en el mundo no hay quien se las crea.
Cada vez me convenzo más de que la ficción existe para entrenarnos en dejar de prestar atención a lo jodido que está el mundo.
Caperucita Roja, por ejemplo: nos enseñan a no hablar con extraños en el camino, cuando la clave está en que hombres como el Lobo existen, y no deberían andar sueltos. Pero no nos enseñan a distinguir a un hombre amable de un asesino en serie, nos enseñan a no hablar con extraños, ni entretenernos por el camino. En realidad no hay diferencia, si eres linda y andas sola te van a violar.
Clase de mierdas escribo. Mejor regresar al Archivo.
Las novelas son un tipo de archivo: las novelas realistas que pretenden ser contemporáneas, digo. Es para lo único que sirve el realismo: como fuente para futuras novelas históricas o de viajes en el tiempo.
Los archivos son un tipo de novelas: los archivos que pretenden ser totales, digo. Es para lo único que sirve el archivo: como fuentes para futuras novelas históricas o de viajes en el tiempo.
Los archivos y las novelas realistas también sirven para que se equipos de investigación descubran las injusticias del pasado y la gente de bien se sonroje. ¿No es el pasado? Al pasado siempre podemos echarle un vistazo crítico. (Referencia “Si vas comer, espera por Virgilio” de José Milián)
El asunto del archivo y el intento de documentar la realidad me tienen mal. Los archivos son por naturaleza imperfectos, pero no nos dicen eso desde el principio.
Recuerdo que mi profesor de Historia de Cuba nos explicó que no se qué archivo se había quemado, y, con el edificio, los registros de algo. Era algo del siglo XIX, el qué en realidad no importa. Recuerdo el gemido colectivo del grupo y mi sensación de decepción: un archivo consumido por el fuego es el peor de los clichés del melodrama. Línea directa al cliché del personaje con origen desconocido / secreto. Darnos cuenta de que esa mierda era real, que impedía -ya para siempre- saber con certeza algo de nuestra historia nacional era inaceptable.
Mi Historia Nacional es mentira.
Todas las historias nacionales son mentira.
Son mentira en el sentido de que se nutren del Archivo, que no puede ser total; en el sentido de que se escriben con un foco deliberadamente limitado, miserable si se quiere, el del nacionalismo geográfico; en el sentido de que solo pueden abarcar un tiempo y algunas perspectivas.
Las Historias no tienen sentido en si mismas, creo. Son como el Archivo, solo sirven para alimentar las novelas del futuro que tratarán de reconstruir el pasado.
Como lo entiendo ahora, hay dos formas de viajar en el tiempo dentro de la literatura realista: recordar y perder la memoria.
Cuando recuerdas viajas al pasado. Como ordenan todos los manuales, no interactúas ni cambias nada. Estás en la prisión de tu mente y ves. Ves con la misma limitada perspectiva de la primera vez, y con la angustia nueva de que sabes a dónde van esas personas, de qué errores cometen y qué cosas maravillosas se pierden por andar en el apuro y la crueldad. Igual, ese viaje en el tiempo hacia el pasado ocurre hasta que quien escribe recuerda que, en realidad muy poca gente tiene recuerdos claros.
Funes el memorioso, ¿el personaje de Borges?, ese infeliz tenía Memoria Autobiográfica Altamente Superior (HSAM, según siglas en inglés). El personaje es de principios del siglo XX, pero el nombre lo acuñaron en 2006. Menos de veinte personas han sido diagnosticadas en todos los Estados Unidos, es una maldición poco común en esta realidad. Me gusta más Síndrome de Funes que HSAM, pero no creo que prospere mi moción, por el aquello de la hegemonía lingüística y otras mierdas de la injusticia global.
Volviendo al recuerdo como viaje en el tiempo: si quien escribe se las quiere dar de “realista” aquello se va al carajo. Hay que incorporar dos perspectivas: la del personaje, cuya visión está distorsionada porque es un recuerdo, y alguna fuente de Archivo que contraste sus recuerdos con la “verdad”. ¿Diario? ¿Registro policial? ¿Filmación?
Una narración omnisciente indirecta también sirve, claro. Aunque no está de moda, porque inserta la voz autoral en el texto.
😛
Me meo de la risa cada vez que choco con esa de “la voz autoral se revela en…” ¡Es un libro! De inicio a fin es voz autoral, tú, imbécil. ¿Qué otra cosa va a ser?
¿Por qué hay gente cree que los libros son verdad? Los libros son cosas que podrían ser, pero ¿verdad?
Qué imbecilidades de dogma nos dejó el realismo: los libros son el reflejo fiel de la realidad. ¿Cuánta droga hay que tener dentro para escribir, mandar a imprimir y defender en público semejante pendejada? ¡Por años! Y luego, bueno, ya se sabe, cría fama y acuéstate a dormir.
Cuando pierdes la memoria viajas al futuro. Llegas a un mundo desconocido donde debes lidiar con la vida de otra persona que se parece a ti, pero ya no eres tu. Ese (tu + X años) aprendió, tomó decisiones que te son desconocidas, bailó un par -o una década- de fiestas de fin de año y ahora te apropias de su vida.
El personaje que viaja al futuro tiene la oportunidad de actuar. Está en la posición de exploración más dramática posible: al borde del abismo. La vida de cada persona es frágil, se mantiene a golpe de compromisos, colaboraciones, intercambios, sobreentendidos. Intentar apropiarse de la vida de (tu + X años) puede destruirla. El argumento implica que la persona del presente muere y su espacio la ocupa una versión anterior, como una copia de seguridad almacenada en el fondo de la Windows 2000 que… (geek y vieja yo) Entonces, el personaje está viendo el futuro que construyó de modo extrañado.
Si, extrañamiento cognitivo. Muérete de nuevo Darko Suvin.
Y acabo de probar que las novelas con argumentos de amnesia son novelas de viaje en el tiempo.
La página cuatrocientos cuarenta de Espiral todavía está por resolver.