MEMORIAS 2005: Armado en la lucha por la justicia

En esa época no era ministro, hablamos del siglo pasado, en 1991, cuando tenían lugar las negociaciones para sacar al Apartheid de Sudáfrica. Por esos días diversos luchadores por la justicia y la igualdad regresaron a su patria y fueron aclamados, pero Ronnie Kasrilrs no estuvo entre ellos. Su nombre siguió acompañado de la definición «Armado y Peligroso», como la policía lo definiera treinta años antes. Fue un período extraño para Ronnie, relevado de sus labores en la sombra, pues el régimen estaba rendido, pero imposibilitado de regresar a la vida pública.
Pasó alrededor de un año así, sentado ante una computadora, recordando, reflexionando sobre las razones que lo llevaran a las filas de Partido Comunista de Sudáfrica y luego a la lucha armada, por lo que desde 1960 se vio forzado a vivir en la clandestinidad.
Es una vida novelesca la de este hombre, dirían muchos, pero Ronnie no presume de ello. Vivió en un largo peregrinar por los países del campo socialista, en gestiones de apoyo a la lucha, y en el combate directo en su propio país, también prestando ayuda a los movimientos de liberación nacional de Tanzania y Angola. No era fácil estar lejos de su familia y los amigos, pero, como él mismo explica, su compromiso político le permitió asumir este modo de vida.
Su esposa y él pasaron unos catorce años separados, y no por elección personal. Fueron compañeros de guerrilla, primero, en su patria, y agentes de apoyo y reclutamiento en Europa. Pero estos períodos fueron breves, porque Ronnie marchó a la guerra en África y ella debió quedarse en el Viejo Continente, con sus propias labores. De modo que entre 1977 y 1989 se vieron unas dos veces al año, unas semanas cada vez. El reencuentro definitivo sería en 1992, cuando sus vidas recuperaron -¿o al fin alcanzaron?- el ritmo de los comunes mortales. Ahora van a todos lados juntos.
Al oírlo, supongo que también al leerlo, uno siente que las visiones usuales sobre Sudáfrica se derrumban. Kasrilrs es blanco, descendiente de eurorientales que llegaron al Continente Negro a fines del siglo XIX. Pero su familia lo educó en el respeto y la defensa de los derechos de los seres humanos, sin hacer otras distinciones. Interrogado al respecto recordó una anécdota: «Una vez, conversando con Mandela, él me dijo que yo sería blanco por fuera, pero que en mi interior soy un verdadero africano». Uno puede reír ante tal inversión de los términos, pero la enseñanza es clara: no se trata del color de la piel, ni de la religión, ni del origen geográfico. Lo verdadero, lo definitivo, es la calidad del ser humano, y su voluntad para que otros seres humanos tengan una vida mejor.
El Partido Comunista Sudafricano y el Congreso Nacional Africano tiene en sus filas a muchos militantes como yo, afirma, personas de la raza blanca, beneficiadas en el Apartheid, que se rebelaron ante la injusticia y se incorporaron a la lucha por la igualdad y la justicia para todos los ciudadanos de nuestro gran país.
Su libro tuvo buena aceptación nacional, pues se carece aún de una memoria exhaustiva sobre esos años. La primera edición salió en 1993, y sus experiencias como ministro se reflejaron en varios capítulos adicionales, incorporados en la reedición de 1998. De allí viene la traducción que sale a la luz en Cuba, bajo el sello Ciencias Sociales, para acercar a los lectores de la lengua española a la lucha de los sudafricanos por la democracia y la dignidad social. Armados y Peligrosos también apareció en alemán, gracias a los auspicios de una editorial berlinesa. De todo eso, de las razones para tomar un arma, de lo peligroso que era el Apartheid para las personas dignas de Sudáfrica, de lo complejo de reconstruir un país, trata su libro. También de los muchos héroes anónimos, algunos muertos, que fueron sus hermanos de lucha, personas de todos los colores y un ideal.
Publicado por primera vez en el sitio de la XIV Feria Internacional del Libro de Cuba, 4 de febrero de 2005: http://www.cubaliteraria.cu/evento/filh/2005/

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