Después de verlo morir por homofobia y pólvora

Tags: Harvey Milk, 28 de junio, Stonewall, Cuba, homosexual, LGBTI, discriminación.
 
De verdad, algo tenemos que hacer en Cuba además de ver filmes y salir a la calle con banderas para hablar mal de quienes no están. Lo digo, por cierto, después de ver por tercera vez Milk (EE.UU., 2008, Dir. Gus Van Sant) en un local del recién reconstruido CENESEX. La historia de Harvey inspira y conmueve, pero sobre todo saltan a la vista las diferencias entre este político -entre la generación de activistas que él representa-, y quienes en esta isla del Caribe luchamos contra el prejuicio a principios del siglo XIX.
 
¿Recuerdan el parlamento que marca su transformación de gay feliz en activista inquieto? “Soy un hombre de negocios”, o sea, este personaje pone por delante sus credenciales ideológicas: soy un capitalista. La puesta en escena corta de raíz con tal escena las -anticuadas, nunca documentadas y bastante ridículas- acusaciones de una conjura anarco-gay-comunista para destruir a los Estados Unidos desde dentro, en la cual Milk y sus colegas eran asalariados del oro de Moscú. Y más adelante invoca el discurso de los Estados Unidos como espacio por excelencia de la democracia -¿podía ser de otro modo?- al citar los versos de la Estatua de la Libertad. Bueno, Harvey, eras patriota, capitalista y gay. Supongo que por el tercer adjetivo te mataron -¿confesó alguna vez el ex-bombero?- y ¿qué hago yo con eso?
 
Yo soy comunista, feminista y bloguera. Por encima de mis singularidades clasistas, raciales o geográficas, me reconozco parte del montón de gente en esta isla que se da golpes contra la pared, tratando de llevar el activismo LGBTI a un grado de autonomía y fuerza similar al de los momentos más gloriosos del Frente de Liberación Homosexual, pero desde la lógica de la sociedad civil socialista. ¿Es eso posible? No lo se.
 
Hay hechos reales, por ejemplo:
La gente que afirma que recordar a Stonewall y hablar mal del gobierno no es un acto político, es estúpida o miente. Así que no me conviene.
La gente que predica la paciencia eterna, no tiene mucho apuro o sabe más de lo que dice. Así que no se puede confiar a ciegas en su palabra.
La gente que escribió la Ley para ahora decir que yo no puedo invocarla, es tramposa y tiene poder. Así que más vale que me cuide de ella.
La gente que te empuja a la locura, está loca o te quiere mal. Así que hay que mantenerla vigilada.
En la unión está la fuerza.
Luchar contra la discriminación implica un mínimo de coherencia, de capacidad para la movilización en pos de acciones de beneficio colectivo, de conciencia de comunidad.
 
Corolario: Solo la acción colectiva nos salvará de la estupidez por un camino con fuerza legal.
 
Esto será divertido…
 

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Un comentario en “Después de verlo morir por homofobia y pólvora

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