En camino a Golden

Ya llegaron las montañas.

Primero son un dibujo lejano: detrás de los bosques hay una curva del paisaje con brochazos de gris y blanco. Si, algunas de las cimas aún tienen nieve.

Luego el horizonte se cierra. El bosque ya existe solo en la falda de la montaña. Poco a poco la tierra se levanta y la imagen amable de la primavera que se anuncia entre granjas bucólicas desaparece. La tierra que se levanta a los lados de la carretera es dura, irredenta, en absoluto interesada por estos mamíferos lampiños que excavan zanjas para que sus artefactos de metal alimentados con jugo podrido de dinosaurio pasen.

Parece que la guagua avanzara entre sucesiones de palmas de manos con los dedos alzados al cielo. Son dedos de piel gruesa verde y extremos de uñas afiladas, negras, agrietadas. Son las Montañas Rocosas (original el nombre ¿verdad?)

Estas son las primeras estribaciones de la parte norte del Cinturón del Fuego del Pacífico. La violenta cadena de montañas va desde Alaska hasta Chile, así que creo que, de cierta forma, he vuelto al Pichincha.

Entramos a Golden y empieza a llover. 

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