Hay dos formas de viajar en el tiempo dentro de la literatura realista

El reto con Espiral es el tiempo.

Discutí varias veces eso con la profesora: el tiempo de la novela es un enredo. No el tiempo de la novela, el tiempo en la página donde aparece Cuba (Letras Cubanas, 2014, p. 140). Es el tiempo del archivo ¿no? Esos personajes están en el futuro, y leen un texto del pasado, quienes pueden comprender / reconocer el origen del texto no son los personajes, los personajes ni siquiera saben si está en español. Quienes podemos reconocer el texto del pasado, que leen las personas del futuro, somos quienes leemos la novela en el presente, que es el pasado de los personajes, y ya es el futuro del autor (la novela es de 1982).
Cluster fuck
Es el tiempo del Archivo: el Archivo es un espacio donde el tiempo se distorsiona, donde el poder trata de controlar el futuro al definir qué memorias sobreviven. En Mito y Archivo se dice que el Archivo en América Latina está unido a la novela porque las novelas se escriben como documentos históricos (¿en serio? ¿desde siempre? ¿siempre estuvimos en vanguardias formales en este continente? ¿qué coño?) y los documentos históricos parecen novelas.
Bueno, eso si me lo creo. Las cosas que pasan en el mundo no hay quien se las crea.
Cada vez me convenzo más de que la ficción existe para entrenarnos en dejar de prestar atención a lo jodido que está el mundo.
Caperucita Roja, por ejemplo: nos enseñan a no hablar con extraños en el camino, cuando la clave está en que hombres como el Lobo existen, y no deberían andar sueltos. Pero no nos enseñan a distinguir a un hombre amable de un asesino en serie, nos enseñan a no hablar con extraños, ni entretenernos por el camino. En realidad no hay diferencia, si eres linda y andas sola te van a violar.
Clase de mierdas escribo. Mejor regresar al Archivo.
Las novelas son un tipo de archivo: las novelas realistas que pretenden ser contemporáneas, digo. Es para lo único que sirve el realismo: como fuente para futuras novelas históricas o de viajes en el tiempo.
Los archivos son un tipo de novelas: los archivos que pretenden ser totales, digo. Es para lo único que sirve el archivo: como fuentes para futuras novelas históricas o de viajes en el tiempo.
Los archivos y las novelas realistas también sirven para que se equipos de investigación descubran las injusticias del pasado y la gente de bien se sonroje. ¿No es el pasado? Al pasado siempre podemos echarle un vistazo crítico. (Referencia «Si vas comer, espera por Virgilio» de José Milián)
El asunto del archivo y el intento de documentar la realidad me tienen mal. Los archivos son por naturaleza imperfectos, pero no nos dicen eso desde el principio.
Recuerdo que mi profesor de Historia de Cuba nos explicó que no se qué archivo se había quemado, y, con el edificio, los registros de algo. Era algo del siglo XIX, el qué en realidad no importa. Recuerdo el gemido colectivo del grupo y mi sensación de decepción: un archivo consumido por el fuego es el peor de los clichés del melodrama. Línea directa al cliché del personaje con origen desconocido / secreto. Darnos cuenta de que esa mierda era real, que impedía -ya para siempre- saber con certeza algo de nuestra historia nacional era inaceptable.
Mi Historia Nacional es mentira.
Todas las historias nacionales son mentira.
Son mentira en el sentido de que se nutren del Archivo, que no puede ser total; en el sentido de que se escriben con un foco deliberadamente limitado, miserable si se quiere, el del nacionalismo geográfico; en el sentido de que solo pueden abarcar un tiempo y algunas perspectivas.
Las Historias no tienen sentido en si mismas, creo. Son como el Archivo, solo sirven para alimentar las novelas del futuro que tratarán de reconstruir el pasado.
Como lo entiendo ahora, hay dos formas de viajar en el tiempo dentro de la literatura realista: recordar y perder la memoria.
Cuando recuerdas viajas al pasado. Como ordenan todos los manuales, no interactúas ni cambias nada. Estás en la prisión de tu mente y ves. Ves con la misma limitada perspectiva de la primera vez, y con la angustia nueva de que sabes a dónde van esas personas, de qué errores cometen y qué cosas maravillosas se pierden por andar en el apuro y la crueldad. Igual, ese viaje en el tiempo hacia el pasado ocurre hasta que quien escribe recuerda que, en realidad muy poca gente tiene recuerdos claros.
Funes el memorioso, ¿el personaje de Borges?, ese infeliz tenía Memoria Autobiográfica Altamente Superior (HSAM, según siglas en inglés). El personaje es de principios del siglo XX, pero el nombre lo acuñaron en 2006. Menos de veinte personas han sido diagnosticadas en todos los Estados Unidos, es una maldición poco común en esta realidad. Me gusta más Síndrome de Funes que HSAM, pero no creo que prospere mi moción, por el aquello de la hegemonía lingüística y otras mierdas de la injusticia global.
Volviendo al recuerdo como viaje en el tiempo: si quien escribe se las quiere dar de “realista” aquello se va al carajo. Hay que incorporar dos perspectivas: la del personaje, cuya visión está distorsionada porque es un recuerdo, y alguna fuente de Archivo que contraste sus recuerdos con la “verdad”. ¿Diario? ¿Registro policial? ¿Filmación?
Una narración omnisciente indirecta también sirve, claro. Aunque no está de moda, porque inserta la voz autoral en el texto.
😛
Me meo de la risa cada vez que choco con esa de “la voz autoral se revela en…” ¡Es un libro! De inicio a fin es voz autoral, tú, imbécil. ¿Qué otra cosa va a ser?
¿Por qué hay gente cree que los libros son verdad? Los libros son cosas que podrían ser, pero ¿verdad?
Qué imbecilidades de dogma nos dejó el realismo: los libros son el reflejo fiel de la realidad. ¿Cuánta droga hay que tener dentro para escribir, mandar a imprimir y defender en público semejante pendejada? ¡Por años! Y luego, bueno, ya se sabe, cría fama y acuéstate a dormir.
Cuando pierdes la memoria viajas al futuro. Llegas a un mundo desconocido donde debes lidiar con la vida de otra persona que se parece a ti, pero ya no eres tu. Ese (tu + X años) aprendió, tomó decisiones que te son desconocidas, bailó un par -o una década- de fiestas de fin de año y ahora te apropias de su vida.
El personaje que viaja al futuro tiene la oportunidad de actuar. Está en la posición de exploración más dramática posible: al borde del abismo. La vida de cada persona es frágil, se mantiene a golpe de compromisos, colaboraciones, intercambios, sobreentendidos. Intentar apropiarse de la vida de (tu + X años) puede destruirla. El argumento implica que la persona del presente muere y su espacio la ocupa una versión anterior, como una copia de seguridad almacenada en el fondo de la Windows 2000 que… (geek y vieja yo) Entonces, el personaje está viendo el futuro que construyó de modo extrañado.
Si, extrañamiento cognitivo. Muérete de nuevo Darko Suvin.
Y acabo de probar que las novelas con argumentos de amnesia son novelas de viaje en el tiempo.
La página cuatrocientos cuarenta de Espiral todavía está por resolver.

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